KATMANDÚ / LHASA.— Lo que en un principio los sismógrafos confundieron con un terremoto, terminó siendo un deslave de proporciones históricas. Un desprendimiento glaciar masivo en lo alto del Himalaya provocó este miércoles una riada incontrolable de hielo, lodo y roca que barrió la frontera entre Nepal y Tíbet. El saldo es desgarrador: las autoridades reportan más de 350 muertos y una lista de desaparecidos que ya supera las 1,300 personas.
Un destrozo sin precedentes
El torrente literalmente borró del mapa todo lo que encontró en su descenso. En territorio nepalí, la infraestructura colapsó por completo; decenas de kilómetros de carreteras quedaron partidos a la mitad, 19 puentes vehiculares fueron tragados por la corriente y el sector hidroeléctrico quedó paralizado. Del lado chino, la situación no es mejor: el lodo sepultó el puerto terrestre de Gyirong bajo casi dos metros de escombros, dejando la zona totalmente incomunicada por vía terrestre.
Horas clave para los rescatistas
La angustia crece con el paso de las horas. Entre los cientos de desaparecidos figuran decenas de turistas y peregrinos internacionales que hacían ruta hacia el sagrado Monte Kailash. Ante la destrucción de los caminos, los ejércitos de ambos países trabajan a contrarreloj realizando rescates desde el aire, mientras que la ONU ha liberado fondos de emergencia para intentar llevar agua y refugio a quienes quedaron atrapados en el techo del mundo.