CIUDAD DE MÉXICO.— Tras varios meses prófugo y una ruta de escape que atravesó el continente, el contralmirante Fernando Farías Laguna ya se encuentra en el penal de máxima seguridad del Altiplano. Fue deportado de forma inmediata desde Argentina, un movimiento que cierra el cerco sobre la red criminal de las aduanas conocida como “Los Primos”.
El peso de esta captura va mucho más allá de un arresto internacional. Primero, porque demuestra hasta qué punto la corrupción logró infiltrarse en los altos niveles de las fuerzas armadas, considerando que el detenido tiene vínculos familiares directos con el exsecretario de la Marina. Segundo, por la precisión política del operativo: México se ahorró un juicio de extradición de varios años alegando simplemente que el exmarino entró a Argentina con un pasaporte falso. Una jugada diplomática que se concretó, de manera muy oportuna, justo cuando el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, visitaba Buenos Aires.
¿Pero qué es exactamente el “huachicol fiscal”?
Cuando escuchamos la palabra huachicol, solemos pensar en tomas clandestinas y ductos perforados de Pemex, pero esta variante es un fraude de cuello blanco.
La trampa ocurre en las aduanas. La red criminal compra miles de litros de gasolina o diésel en Estados Unidos. Sin embargo, al momento de cruzar las pipas por la frontera mexicana, falsifican los papeles para declarar que en realidad transportan “aceites lubricantes” o “aditivos”.
Con ese simple truco documental, los contrabandistas evitan pagar el impuesto especial a los combustibles (IEPS). Una vez que la gasolina entra al país, la venden en las gasolineras al precio normal del mercado. Es un negocio que deja ganancias multimillonarias al evadir impuestos y que, lógicamente, es imposible de operar sin autoridades aduaneras dispuestas a mirar hacia otro lado.