CIUDAD DE MÉXICO — Las cosas se acaban de poner muy tensas para el comercio en Norteamérica. Lo que debía ser una revisión de rutina del T-MEC el pasado 1 de julio, terminó con un frenazo en seco: Estados Unidos se negó a firmar la extensión automática del tratado por otros 16 años. Ahora, la supervivencia del acuerdo queda condicionada a estrictos exámenes anuales.
Arancel sorpresa
Y para dejar claro que la presión va en serio, el golpe no se quedó solo en el papel. Desde el 23 de julio, el gobierno estadounidense nos aplicó un arancel sorpresa del 10% a diversos productos mexicanos, usando como justificación el combate al “trabajo forzoso”.
Presión contra el mercado Chino
Sin embargo, si leemos entre líneas, el mensaje de la Casa Blanca apunta hacia otro lado. Lo que realmente buscan es obligar a México a cerrarle la puerta a los insumos chinos, reducir el enorme déficit comercial (que ya roza los 197,000 millones de dólares) y exigir reglas de juego más seguras para sus inversionistas.
Se pausa la inversión extranjera
La incertidumbre ya está cobrando factura. Mientras los gobiernos negocian contrarreloj y de forma bilateral, el sector empresarial advierte que el miedo a perder el tratado en 2036 ya está congelando los proyectos de nuevas inversiones. Las más golpeadas están siendo las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), que ven cómo esta guerra de presiones amenaza la estabilidad económica de toda la región.