En los hospitales del sur de Afganistán, el colapso ya no es una advertencia, es el día a día. Las camas tienen que dividirse para acomodar hasta a cuatro niños gravemente enfermos al mismo tiempo. Muchos de ellos llegan tan débiles que ni siquiera tienen energía para llorar.
1 millón de niños al borde de la muerte
Las cifras que acaba de poner sobre la mesa UNICEF son un golpe de realidad: 3.7 millones de menores sufren hoy de desnutrición aguda. De ese grupo, un millón de niños están en la línea roja, enfrentando la forma más letal de esta condición y con un riesgo inminente de perder la vida. Lo más desgarrador de esta crisis es que ocho de cada diez de estos pequeños pacientes ni siquiera han soplado las velas de su segundo cumpleaños.
Un cúmulo de situaciones desafortunadas
Llegar a este punto no fue un accidente, sino el choque de varias tragedias simultáneas. Las familias afganas han tenido que soportar años de sequías implacables, seguidas recientemente por inundaciones destructivas que arrasaron con lo poco que quedaba. Si a esto le sumamos una economía paralizada y el retorno masivo de seis millones de refugiados a un país sin recursos, el resultado es que la mitad de los niños en Afganistán hoy sobreviven en pobreza alimentaria severa.
La gente no ve lo verdaderamente importante
Y justo cuando la ayuda internacional es la única línea de vida, el mundo parece estar mirando hacia otro lado.
La falta de presupuesto ya ha obligado a cerrar más de 100 clínicas especializadas en nutrición en lo que va del año. UNICEF advierte que, hasta ahora, solo han recibido el 22% de los fondos que necesitan desesperadamente para operar. El sistema de salud afgano no solo está al límite, se está quebrando, dejando en el aire una pregunta urgente: ¿cuántas vidas costará la falta de acción global?