El peso mexicano sigue dando de qué hablar. Durante la primera mitad de agosto, la moneda nacional logró hilar cuatro semanas consecutivas al alza, consolidándose en un corredor de 17.01 a 17.04 por dólar e incluso asomándose momentáneamente por debajo de la barrera de las 17 unidades, un terreno que los mercados no pisaban desde mediados de 2024.
¿Qué está sosteniendo este comportamiento?
En esencia, los capitales extranjeros siguen encontrando muy atractivo a México gracias al diferencial de tasas de interés. Mientras el Banco de México mantiene rendimientos altos, en Estados Unidos la inflación empieza a ceder de manera consecutiva, lo que convence a los mercados de que la Reserva Federal recortará sus tasas muy pronto. Esto, sumado a la inyección constante de dólares que sigue aterrizando en el país producto del nearshoring, le ha dado a nuestra moneda un blindaje excepcional frente al billete verde.
Sin embargo, los especialistas advierten que este escenario de “aguas tranquilas” y baja volatilidad tiene fecha de caducidad. El consenso en los principales grupos financieros anticipa un ajuste natural para el cierre de este 2026, proyectando que el tipo de cambio podría rebotar hacia un rango de entre 19.30 y 20.50 pesos por dólar. El nivel final dependerá, en gran medida, de los próximos movimientos arancelarios en Washington y del clima político previo a la revisión del T-MEC.