Lo que empezó como una simple falta en la cancha se ha convertido en un escándalo político de proporciones internacionales. Un grupo de 35 eurodiputados acaba de pedir a las federaciones europeas que presionen para que se investigue a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA. ¿El motivo? Ceder, supuestamente, a las presiones de Donald Trump para alterar las reglas en pleno Mundial de 2026.
La llamada que lo cambió todo
Para entender el problema hay que volver al partido del pasado 1 de julio. Folarin Balogun, delantero de la selección de Estados Unidos, fue expulsado con tarjeta roja frente a Bosnia-Herzegovina. Las reglas del fútbol son claras: una roja significa perderse automáticamente el siguiente encuentro. Sin embargo, el presidente estadounidense calificó la expulsión de “horrible” y contactó directamente a Infantino. Poco después, en una decisión insólita que dejó a muchos con la boca abierta, la FIFA le perdonó el castigo a Balogun, dejándolo libre para jugar los octavos de final contra Bélgica.
Quejas por todos lados
Esto no cayó nada bien en Europa. Para los legisladores que impulsan la queja, cambiar los criterios disciplinarios a mitad del torneo solo porque un jefe de Estado levanta el teléfono sienta un precedente peligrosísimo. Lo consideran una burla a la justicia deportiva y acusan a Infantino de saltarse el artículo 15 de su propio código ético, el cual le exige neutralidad absoluta.
Como era de esperarse, el fútbol europeo está en pie de guerra:
- La UEFA fue tajante. Aseguran que se “cruzó una línea roja” y calificaron todo el asunto como incomprensible e injustificable.
- Bélgica, el equipo directamente afectado en la cancha, presentó una queja formal argumentando que esto mancha la integridad del torneo.
Mientras tanto, la FIFA intenta apagar el incendio. Se defienden asegurando que la decisión de perdonar al jugador la tomó un comité disciplinario completamente independiente y que Infantino no movió los hilos. Sin embargo, para el Parlamento Europeo y buena parte de la afición, la sombra de la duda ya está instalada sobre la mesa.