La Selección Mexicana de Fútbol ha sido eliminada por Inglaterra en los octavos de final de la Copa del Mundo. En un partido intenso, al conjunto tricolor no le alcanzó para pasar a los cuartos de final y, por primera vez en su historia, tener la oportunidad de disputar seis encuentros en una Copa Mundial. La reflexión que debemos hacer está fuera de la cancha, de lo deportivo y del partido en sí. Históricamente, los mexicanos hemos sido personas que dudamos de nuestras capacidades, de quiénes somos y de lo que valemos, a causa de estigmas, racismo, clasismo y muchos otros factores que socavan nuestra identidad como individuos desde que nacemos.
Regalamos el partido
Pareciera que vivimos en un ciclo infinito en el que nos retroalimentamos unos a otros de esperanzas fallidas y sueños sin cumplir; da la impresión de que el entorno nos orilla a estar nerviosos y desconfiados una y otra vez. A pesar de que esta selección mexicana había demostrado capacidad futbolística y una mentalidad altamente competitiva, México perdió el partido por errores propios y por una notable falta de hambre y confianza. Se concedieron oportunidades que eran impensables para esta defensiva, la cual no había recibido ningún gol a lo largo del torneo.
Las frases que cimentan una derrota
“Jugamos como nunca y perdimos como siempre”, “fuimos mejores que ellos”, “nos faltó poquito”. Este tipo de frases son las ideas que repercuten en la consciencia colectiva del mexicano; son los pensamientos que no nos dejan avanzar porque damos por buena la derrota solo por habernos esforzado. Esa cultura debe cambiar pronto. No es posible que una y otra vez caigamos en lo mismo, ni podemos dar por sentado que el esfuerzo es sinónimo de victoria. Hay que comenzar a percibirnos como ganadores, como personas que, en la profesión o disciplina en la que compitamos, busquen ser los mejores de todos.
Hace falta tener personalidad
Lamentablemente, México no perdió debido a un rival poderoso; no perdió porque los ingleses fueran mejores; no perdió a causa de la mala fortuna. Perdió porque nuestros jugadores cometieron tres errores que sentenciaron el partido, y perdimos porque, muy en el fondo, la mayoría de los seleccionados sabían y asumían que no estaban a la altura de las estrellas inglesas. Al final, la realidad que creemos es la realidad que creamos. Esta Selección Mexicana era mucho más equipo que Inglaterra, pero los únicos que lo veíamos éramos los aficionados, porque la gran mayoría de los jugadores jamás lo creyó.