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¿Y si la justicia nunca fue para todos?

by Cristian Muniz

Durante el transcurso de la historia de la humanidad han existido patrones que se repiten constantemente, como si la evolución del pensamiento y el desarrollo social no alcanzaran a cubrir un fenómeno presente desde la concepción de las primeras civilizaciones. La relación entre el poder y la justicia es más estrecha de lo que en realidad pensamos. El poder, por definición, es la capacidad de imponer la propia voluntad sobre la de alguien más.

Si observamos el desarrollo social como una línea de tiempo, notaremos que nunca ha importado realmente el momento histórico: siempre hay injusticias que se cometen y mecanismos legales que no alcanzan a cubrirlas. El poder constantemente le impide a la justicia alcanzar su plenitud, ya que muchas veces las normas, los estatutos y los procesos legales son adaptados y modificados por quienes ostentan mayor poder.

El caso Jeffrey Epstein

El caso de los abusos y perversiones cometidos en la isla de Jeffrey Epstein solo desenmascara una cosa: una terrible verdad que se esconde más allá de lo que muchos podemos percibir. Vivimos en un sistema donde las reglas no importan, donde la ley no te alcanza, siempre y cuando tengas la cantidad suficiente de dinero y poder. Jamás se te obligará a rendir cuentas ni a cumplir una sentencia que no desees.

¿Qué dice este tipo de situaciones de nosotros? La respuesta es dolorosa, pero clara. Vivimos en un sistema estructuralmente desigual, en el que la ley del más fuerte aún aplica. A pesar de toda la innovación, la tecnología y la capacidad cognitiva que tenemos como especie, aún no somos realmente libres. Aún vivimos en un sistema donde pocas personas concentran el poder real, mientras la gran mayoría estamos a merced de la voluntad de quienes ostentan grandes fortunas, grandes empresas y grandes títulos.

Para todos los involucrados en estos actos atroces de lesa humanidad, probablemente jamás llegue el día en que paguen por las vidas que arruinaron ni por los actos que cometieron. Pareciera ser que la justicia, más que cualquier otra cosa, es una ilusión: una ilusión que se desvanece rápidamente en cuanto nos detenemos a observar con detalle. Pareciera ser que, al final de cuentas, la justicia nunca fue para todos.

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