Tras el operativo realizado por las fuerzas especiales del Ejército mexicano, que derivó en el abatimiento del capo más poderoso del planeta, los días se volvieron eternos y extremadamente tensos en el estado de Jalisco y las zonas aledañas. El llamado “Señor de los Gallos”, uno de los criminales más importantes en la historia reciente de México, había sido abatido en una zona residencial de Tapalpa. Algo que parecía imposible, por fin, había sucedido.
Las repercusiones de este hecho no se hicieron esperar. Bloqueos en carreteras federales y estatales marcaron lo que sería uno de los días más tensos en materia de seguridad del sexenio actual. Vehículos incendiados, comercios quemados, cancelación de vuelos, entre otras afectaciones, fueron el sello distintivo de las horas posteriores a este magno operativo militar.
El precio a pagar
Una ciudadanía que esperaba lo peor enfrentó, además, la difusión de falsos boletines informativos presuntamente emitidos por el cártel, cuya única finalidad era generar pánico e incrementar la paranoia social. El gobierno federal, por su parte, emitía comunicados exhortando a la población a tomar precauciones, pero también hacía un llamado a la calma para evitar reacciones desmedidas y un pánico generalizado.
Los valientes miembros de las Fuerzas Armadas mexicanas que perdieron la vida serán recordados por su cumplimiento del deber. Lamentablemente, en este tipo de acontecimientos, quienes realmente pagan las consecuencias suelen ser los ciudadanos honestos, cuya única “responsabilidad” ha sido haber nacido en un país donde la violencia se ha convertido en parte de la vida cotidiana.