Radiografía de la situación
La sintomatología de México no puede entenderse sin comprender sus procesos históricos y culturales desde su concepción como país. Sin embargo, como ese ejercicio sería extremadamente largo y complejo, me he tomado la libertad de describir, de la mejor manera posible, algunas de las causas que explican lo que hoy vivimos.
En los últimos diez años, México ha experimentado una innumerable cantidad de cambios profundos en sus estructuras ideológicas y gubernamentales. Hemos sido testigos de la caída de partidos hegemónicos, del ascenso de nuevas fuerzas políticas, de la resistencia de actores que antes concentraban el poder, así como de transformaciones macroestructurales a nivel mundial. A ello se suman sucesos lejanos que repercuten de forma directa en nuestro entorno, aunque muchos no lo perciban.
El poder, la libertad y el dogma
La carrera por el poder total y absoluto ha sido, históricamente, el fruto prohibido que ha atraído a todo tipo de personas y agrupaciones. La posibilidad de someter la voluntad de los demás a través del poder es lo que embriaga a casi todos aquellos que compiten por ostentarlo.
Con el auge de las redes sociales y los medios de información de alcance global, las estructuras de pensamiento han dejado de estar ancladas únicamente al entorno inmediato. Cada vez es más común que una persona comparta ideologías con alguien que se encuentra al otro lado del mundo. Con la conexión global llega también la velocidad: las estructuras mentales se vuelven más efímeras y tienden a cambiar con mayor rapidez, influenciadas por la sobreestimulación constante de ideas y posturas que surgen en contextos físicos y geográficos distintos.
Nos encontramos en un momento histórico particular. Las generaciones que crecieron bajo otros paradigmas tienden a resistirse al cambio ideológico, mientras que quienes tuvieron acceso temprano a la confrontación de múltiples ideas globales se debaten constantemente entre quiénes son y hacia dónde van.
México sufre, canta y, sobre todo, está cambiando. Cada vez menos personas están dispuestas a vivir en condiciones de inseguridad, porque saben que no es la única opción. Saben que, del otro lado del mundo, existen sociedades que funcionan mejor; saben que puede haber justicia; y, sobre todo, comienzan a preguntarse qué o quiénes no han permitido que este hermoso país prospere.