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Guillermo Ochoa: el adiós de un icono

by Cristian Muniz

El Estadio de la Ciudad de México se rindió por completo a sus pies y no era para menos. Guillermo Ochoa disputó su último partido defendiendo el arco tricolor, cerrando un ciclo que marcó a toda una generación de aficionados.

Llegó la hora

El momento histórico llegó al minuto 78. Ochoa entró a la cancha para sustituir a Raúl “Tala” Rangel durante la victoria de 3-0 sobre Chequia. Con esos minutos de juego, Memo no solo ayudó a sellar el paso perfecto de México en la fase de grupos, sino que logró lo que parecía imposible: sumar minutos oficialmente en su sexto Mundial.

No se va lo que no se olvida

Lo que pasó después del silbatazo final se quedará grabado en la memoria del fútbol mexicano. Ochoa caminó despacio hacia su portería, besó el poste, acarició el pasto y, visiblemente conmovido, se hincó para despedirse antes de que sus compañeros lo levantaran en hombros. Más tarde, confirmó ante la prensa lo que ya se presentía: era su adiós definitivo. Con la voz quebrada, confesó los enormes sacrificios y los momentos de soledad que tuvo que aguantar para poder llegar a esta última cita mundialista.

Un gran reconocimiento

Para cerrar la noche con broche de oro, la FIFA le otorgó el Legacy Patch, un parche exclusivo bordado en su uniforme que lo reconoce formalmente como una leyenda del fútbol global. Se apagan así los reflectores para el eterno guardameta nacional.

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