Actualmente, la carrera por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial está en marcha; grandes multinacionales lo apuestan todo a la creación de software y modelos capaces de solucionar algunos de los mayores desafíos globales. El siguiente paso natural de esta tecnología es su implementación en agentes físicos que puedan intervenir directamente en el entorno, realizando actividades que vayan más allá de las pantallas.
El desafío a vencer
Integrar la IA en sistemas de hardware interactivos requiere un proceso complejo en el que se han invertido miles de millones de dólares. Para que un modelo pueda desenvolverse en el mundo real, primero debe ser entrenado en miles de escenarios similares. Dado que resulta inviable y poco seguro entrenarlos exclusivamente en el plano físico, se han desarrollado simuladores virtuales de altísima precisión donde estas IA comienzan su aprendizaje.
Principales usos
Entre las principales aplicaciones de esta tecnología destacan: robots con alta capacidad de adaptación para realizar tareas complejas sin programación previa; dispositivos portátiles —como gafas de realidad aumentada y asistentes auditivos— que procesan el entorno del usuario en tiempo real; y sistemas autónomos que colaboran de manera segura con humanos, esquivando obstáculos y optimizando rutas sobre la marcha.